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Una carrera para LetrasFaltas… ¿Acaso la palabra que más nos significa? Los estudiantes de Letras, muchas veces distendidos en el limbo retórico, postergamos la visión de una realidad inmediata para acomodarnos en un mundo puramente textual que pareciera trascenderla. Ahora bien, es prudente señalar que los avatares universitarios no son otra cosa que un micro-sistema dentro del entramado político; constituyen, en efecto, su espejismo inevitable. Creer en la eventual desconexión de estos universos es retrato del olvido del origen de una decisión. Decisión fundamentalmente de proclamarnos sujetos capaces de intervenir en una sociedad próxima, decisión que se delega al pasar como una ligereza. Esa amnesia retrasa la posibilidad de pensar la realidad cercana como un momento de creación activa. Las perspectivas con las que nos abocamos al placer del texto, al estudio de la lingüística, al análisis de las lenguas clásicas, la conformación de la planta docente, la posibilidad de abrir cátedras paralelas son sintomáticas de un planteo que supera a una visión meramente ensimismada de lo real, forman parte de la contracara, a veces tediosa, a veces oculta, del circuito académico; su sustrato político. Esta instancia fecunda de dirección debe, a fin de cuentas, acercar la supuesta lejanía de sus prácticas a través de un accionar concreto y de propuestas evidentes. Allí la Junta Departamental, aquello que parece regodearse para la mayoría de los estudiantes con un universo más ficcional que real, que resulta quizás desamparada por su falsa lateralidad, entra en escena. La Junta es un espacio deliberativo de participación en el cual se manifiestan los intereses de los tres claustros: docentes, graduados y estudiantes, y es aquí donde radica su importancia. Precisamente porque se plantea a sí misma como un ámbito institucionalmente dado para la discusión, es que debemos saber interpelarlo. Y ese saber, para nosotros, la minoría estudiantil representante desde hace ya 2 arduos años, implica no sólo retomar el aprendizaje de lecciones pasadas sino principalmente reafirmar una responsabilidad impostergable, predicar un nuevo acto de coraje. Tomar partido por los asuntos que construyen nuestro modo de relacionarnos con la Carrera es hacer una carrera, vital e íntegra. El paso por aquello que elegimos es un flujo continuo de producción y no una instancia fosilizada de consumo. Es la urgente apropiación por parte de la juventud de los intersticios de un trayecto voluntariamente transitable la que posibilitará la concreción de sus ideales promesas y la que reivindicará la asunción de un verdadero sujeto que dispute las fórmulas tradicionales de un discurso anacrónico. Entonces, ¿qué significa asuir esa conciencia hiriente de la falta? Pensar en la posibilidad de cimentar caminos que se correspondan con las necesidades coyunturales de nuestra realidad, entendida ésta no sólo dentro del marco institucional-académico, sino también dentro del acontecer social. Indagar acerca del contenido del plan de estudios es inevitablemente debatir el perfil del graduado. ¿Crítico literario, investigador del CONICET, especialista en filología, en lingüística? ¿Es el Licenciado en Letras un compendio difuso de vocaciones? Una vez más, la separación entre un adentro y un afuera como fragmentos autónomos de aproximación a la realidad se hace insostenible empíricamente. Y eso no es más que el mero reflejo de la potencialidad de las pequeñas acciones colectivas. Propicia sería una carrera que cultive intelectuales informados, incompatible en el circuito de la desinformación. Armar un mailing desde el Departamento de Letras que asegure la comunicación es una respuesta posible. Coherencia, claridad y cohesión, aptitudes básicas para la estructuración de un discurso, y sin embargo el ilegible plan de estudios. La creencia ciega en el poder de la palabra como elemento trasformador, y aún sin talleres de formación creativa (literaria o ensayística) en la escritura. Algunos poetas disimulados, algunos escritores rezagados, pero un déficit enorme en el análisis poético. Respuestas concretas a preguntas paradójicas son fruto de una concepción de la militancia como herramienta constructiva, y no como mera expresión incendiaria de la diferencia. Aquí el valor de nuestro proyecto como estudiantes de Letras en la Argentina actual y como actores presentes del movimiento social. Aquí la valentía de nuestro activismo. Lejos de la vergüenza equivocada del compromiso, queremos seguir construyendo -ahora en la Junta- a partir de una reflexión genuina y necesaria, una política que la sustancie con todas las letras. |
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