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VACAS Y TAMBORES

Éste documento fue publicado el 01.04.2008 bajo la categoría Posiciones.

El milagro de la reactivación: 2001: piquetes de la miseria; 2008 piquetes de la abundancia. No se puede decir que sea una falsedad.El levantamiento de un pueblo contra el Dictador, una insurrección popular, una pueblada. Un golpe cívico, una conspiración, se arman en los cuarteles. Ni lo uno, ni lo otro.
El gobierno ataca. La oligarquía reacciona. Los pequeños productores también responden. Los campesinos pobres y sus organizaciones no son escuchados
¿Nuestro pueblo avanza?La disputa es por la apropiación de las enormes utilidades de la soja. El gobierno la quiere para su proyecto desarrollista. Los ruralistas la quieren los ruralistas.¿Alguno quiere utilizar esas utilidades en beneficio de quienes más sufren en

la Argentina ?

No nos confundamos

LA CONFUSIÓN IDEOLÓGICA

Nos invitan a dos teatros:Sala I

Se representa la Tragedia Nacional: un gobierno en lucha, armado con Retenciones para liberar al pueblo de sus pesados grilletes.

En esta obra, la militancia kirchnerista denuncia a

la Oligarquía antipueblo y llama a escrachar

La Rural , quemar el Jockey Club y 5×1 no va a quedar ninguno.

Sala II

En este segundo teatro, se expone la Épica Argentina contra un gobierno autoritario y confiscador, que impone precios e inflación a fuerza de mentira o de patota. En este caso, la gente bien se subleva contra el gobierno autoritario y piquetero, que coarta libertades y que quiere hacer de la Argentina la nueva Cuba.Dos obras de perfecta literatura fantástica. Ahora bien, tras estas fantasías ¿Qué escenarios nos están armando?Por un lado,

la Tragedia que presenta el gobierno no es más que otro intento de forzar una polarización que le asegure el lugar que busca –sin terminar de encontrar- en el mapa político argentino.

Por el otro, los dueños de la tierra narran una Batalla Épica contra la opresión, e invitan a todos los opositores del gobierno a la lucha por la libertad; pero de una libertad que no es otra que la de sus intereses y su patrimonio.El kirchnerismo afirma: “Con el gobierno o con los Gorilas”. Pretendiendo ocultar a los Gorilas que están en el gobierno, y –aquí lo fundamental- forzar el apoyo al gobierno de todos aquellos que se expresan a favor de las retenciones.Los dueños de la tierra invitan: “Con nosotros, todos los que están contra el gobierno”. Buscan, así, amalgamar todas las críticas al gobierno junto su reclamo gremial. Ahora bien, para lograr tan incierta alianza, la defensa apunta a exacerbar lo único que podrían tener en común los muchos detractores del gobierno, de izquierda o de derecha: su memoria antiperonistaEn este punto, entonces, las dos propuestas se revelan una y la misma: Peronismo vs. Antiperonismo. Ese es el juego que el gobierno y

la SRA quieren jugar.Para el kirchernismo, hay que defender a

la Patria de una nueva Revolución Libertadora. Para quienes apoyan al campo, defender los valores y las tradiciones de

la Nación contra el nuevo Perón. Una y otra propuesta son las dos caras de la misma fantasía paranoica y nostálgica. Ya que ambos actores pretenden reinstalar, en perversa armonía, la antinomia fundante del sistema político argentino pre-2001. Y, del mismo modo que en el pasado, tras esta antinomia que favorece a sus protagonistas, se encubre la verdadera matriz del debate.

No estamos frente a Épica o Tragedia alguna: las segundas partes nunca fueron más que Farsas.

LA CONFUSIÓN ECONÓMICA

El fenómeno es sumamente complejo. En este punto, la confusión ideológica impone múltiples velos que impiden un análisis profundo del proceso económico. Intentemos desvelar.

Primer velo: La posición del gobierno

A pesar de que a primera vista las retenciones progresivas aparecen como una medida justa  y que podría apuntar a una redistribución más equitativa de las riquezas, esta primera impresión debe ser contrapesada con la política de descuido de los recursos de los últimos años. El gobierno kirchnerista –en sus dos versiones- apuntó siempre al monocultivo de soja, a la acumulación de tierras en pocas manos, a la extranjerización del campo, favoreciendo directamente a quienes ahora se enfrentan. La misma política se repite respecto del petróleo, el gas y la minería. Es por esto que no se puede afirmar que las retenciones, por sí solas, signifiquen una redistribución más equitativa de la rentabilidad agraria. Las retenciones son redistribución si se las incluye en el marco de una política más general que se oriente en esa dirección. No es esto lo que hoy propone el gobierno.

Segundo velo: Los dueños de la tierra

Aquí es más simple rasgar el velo. Cualquier persona coherente reconocerá que los sectores que hoy se levantan contra las retenciones no representan la unión de los argentinos contra una confiscación ilegítima de sus recursos. Inmediatamente, se hace evidente la excepcional hipocresía y la completa falta de solidaridad hacia el pueblo que caracterizan las medidas de los propietarios de la tierra. Pues, no manejan otro criterio más que cuánto aumentará su rentabilidad. Mientras, desabastecen almacenes y buscan subas de precios. En este escenario, los pequeños y medianos productores se unen a la lucha de los grandes propietarios de

la Sociedad Rural. Perverso efecto de la coyuntura política cuyas causas las podemos encontrar, por un lado, en la torpeza del gobierno que no ha sabido diferenciar entre ambos sectores; y por otro, en la falta de valentía y de valores de

la Federación Agraria para separarse de la oligarquía rural y sostener un reclamo justo por la redistribución de las tierras y por una cambio en la política agropecuaria en general.

Tercer velo: La problemática que el conflicto oculta

El debate acerca de las retenciones deja afuera, o impide plantear, otros problemas y otros modelos posibles que definen la perspectiva agrícola en nuestro país. Pues, los actores del debate no parecen estar interesados por el avance de la frontera agrícola, la desertificación y destrucción del suelo producto del monocultivo, la deforestación, la contaminación con agrotóxicos, la expulsión de campesinos e indígenas de sus tierras. La dicotomía que se organiza en derredor de las retenciones no permite pensar estos problemas y proyectar un verdadero cambio para la situación del campo. ¿Quién podría creer hoy que “cultivar el suelo es servir a la patria”?

FIN

Quienes por uno y otro lado vean la perpetua farsa e hipocresía, quienes se desperecen de ellas, en ellos recaerán los ojos de la historia para ver la construcción de una política amplia.

Con dignidad y memoria, con verdad y distribución, justicia social y tolerancia. Devolviéndole al pueblo los recursos del estado, construyendo al tiempo junto a ellos.

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