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Ser estudiante, hacer política

Éste documento fue publicado el 14.04.2008 bajo la categoría Documentos.

A menudo ocurre que quien ingresa a nuestra facultad no sólo se interesa por la carrera que ha decidido estudiar, sino que la mayoría de las veces, por suerte, llega con impulso y ganas de hacer, combinados con una sensibilidad política que busca concretarse. Sin embargo es difícil identificar hoy el lugar adecuado para encauzar ese ímpetu: queda la impotencia de una inquietud desordenada, que busca y a la que le cuesta encontrar una forma de concretar esa voluntad.Quien tenga interés en la vida política estudiantil no puede dejar de notar la importancia del impulso que traen los ingresantes (y a la vez la pérdida que significaría dejar que se transforme en decepción). Porque de esos intereses y de esas ganas puede surgir una política verdaderamente potente, una que recupere la fuerza esperanzadora y movilizadora que alguna vez tuvo la juventud. Es que si hoy lo político aparece como una suerte de operación discursiva que no se hace cuerpo en nosotros, alejada de los sentimientos e intereses de las personas, se trata entonces de cambiarlo, de crear una política que vuelva a honrar esa relación con los impulsos de los estudiantes. ¿No es un sentimiento común ver la distancia que tienen las manifestaciones actuales de la política con respecto a nuestros intereses, a nuestros deseos? ¿Quién siente frente a ellas un impulso a actuar?

Si esa experiencia movilizadora parece haberse perdido, entonces debemos buscar dónde puede aparecer nuevamente. Esta búsqueda no es una vuelta a los orígenes, no se trata de traer modelos del pasado, sino de poner atención sobre el presente, sobre las condiciones actuales (es que fijar a un pasado como modelo es aniquilarlo; de lo que se trata es de darle nueva vida hoy, de proponer una síntesis actual de las tradiciones pasadas, ésta es la forma noble del recuerdo). Hay que ver dónde nos paramos como generación, cuáles son nuestros espacios y nuestros debates, y ahí involucrarse para convertir a las relaciones existentes en vínculos políticos conscientes. Lo peor sería ver la política despectivamente y tornarla en insulto, porque eso es rechazar una esfera de acción importantísima. Si queremos crear una nueva política de izquierda, emancipatoria, tenemos que vérnosla con nuestra época, saber extraer formas, fuerza y métodos de ésta. Es una apuesta que significa renovar el lenguaje político, modificar la forma de comunicarnos entre estudiantes y crear nuevas prácticas políticas para lograr movilizar a nuestros compañeros. A la vez significa poder dar una dimensión política a las preocupaciones de los estudiantes, incluso a las que tienen que ver con temas internos a la facultad. Probablemente ahí encontremos más proyectos, más impulso y más gente que en las ya despobladas asambleas. Se trata de movilizar y masificar la experiencia política estudiantil para convertirnos en actores fuertes capaces de involucrarse tanto en temas internos a nuestros ámbitos de estudio como también en las disputas políticas más generales. En este sentido, a veces, el accionar político, por fijar la vista demasiado lejos, descuida sus realidades más cercanas. La modificación de las condiciones en las que estudiamos, los cambios en los planes de estudio que se vienen discutiendo en varias carreras, el debate sobre la forma de la carrera académica, las condiciones de investigación y la inserción en el ámbito académico, son también cuestiones políticas dignas de ser llevadas a cabo por el movimiento estudiantil. Implican tomar decisiones que vuelven a poner en juego el lugar de la universidad y los universitarios dentro de su propio espacio y en sus relaciones con

la sociedad. Implican hacerse cargo del desafío de volver a pensar nuestro lugar en la sociedad y en el ámbito político nacional.Incluso de este modo quizá podamos hacer resurgir las asambleas que hoy parecen no funcionar y movilizar a los estudiantes a marchas a las que hoy asistimos unos pocos militantes.Si la práctica política ha perdido el prestigio y la capacidad necesarios para comunicarse con los estudiantes, se trata entonces de reconstruir ese vínculo, de dejar de plantear todo en los términos de siempre y de hacer una crítica de los modelos políticos que se vienen usando. Es hora de volver a comunicarnos entre los estudiantes en nuestros propios términos, para que seamos nosotros los creadores de la política venidera y los que la pongamos en acto, para que lo político vuelva a ser digno de atención.

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