La conciencia por la tarde
Éste documento fue publicado el 15.04.2008 bajo la categoría Documentos.En la mañana
Comenzamos haciendo cosas pequeñas. Un comentario sobre el conflicto universitario, unas someras reflexiones acerca de los programas de las carreras, ciertas apreciaciones referentes al estado edilicio y moral de nuestra facultad. No más que algunos volantes, algunos debates, unas pocas charlas, algunas reuniones con profesores. Sumamos un pequeño número de compañeras y compañeros. Empezamos de a poco, por las carreras. Intentando articular ideas acerca de sus programas, sus modos de funcionamiento y sus actores. Nos dispusimos a conversar en los cursos con compañeros y profesores. Nos esforzamos por reconocer el mapa de cada carrera. Identificar quién era quién, qué trabajo desempeñaba, qué quería, qué función cumplía. Ese trabajo inicial, primerizo, casi tímido, costó mucho esfuerzo. Empezar a hacer política como si fuese la primera vez. Darnos una organización, un método, un código, unificar diagnósticos y expectativas. Todo como si fuésemos absolutos inexpertos. Como si fuese ésta nuestra primera experiencia en una organización política, como si no nos reconociésemos del todo en ninguna de las tradiciones políticas que no precedían, como si tuviésemos que formarnos desde cero. Como si los que fuésemos a participar enActo no hubiésemos tenido contactos previos con la acción política y fuese, éste, nuestro primer intento de acercarnos a esta actividad compleja y extraña. Emprendemos el trabajo, entonces, por donde conocíamos, por donde teníamos a mano. Por nuestra situación diaria y por las intuiciones que de allí emergían. En estas vivencias diarias podíamos encontrar algunas certezas y, también, espacios para actuar. Así, iniciamos nuestra búsqueda a nuestro modo, a nuestro paso de inexpertos, con nuestro lenguaje de principiantes. Y lo hicimos así porque queríamos hacer y creer. En medio del escepticismo, nosotros queríamos poder hacer y creer. No queríamos más decepciones y por ello empezamos dando pasos, aunque modestos, seguros. Asimismo, decidimos no abrazar las propuestas que ya estaban siendo articuladas en la facultad. A nosotros, nos movía, desde el comienzo, el deseo de generar participación para una genuina transformación. Y la mayoría de las propuestas que veíamos no parecían tener indicios suficientes de cómo gestar un cambio, otras, por el contrario, se nos presentaban, precisamente, como lo que había que cambiar. Así, iniciamos nuestra acción, desde lo pequeño, desde lo cotidiano, desde nuestra realidad. Ni queríamos negar nuestras intuiciones y las de nuestros compañeros sino, organizarlas en un proyecto político complejo y transformador. No queríamos enfrentarnos contra nuestros reclamos y los de la mayoría de nuestros compañeros, porque partíamos de la idea de que el escepticismo era resultado, justamente, de una obstinada necedad. Necedad ante las expectativas de la mayoría que no se identifica con lo que existe. Necedad ante sus dudas, ante sus incertezas, ante su falta de identificación con alguna de las muchas variantes de lo mismo. Nosotros, en cambio, no queríamos ignorar a nuestros compañeros, muchos menos, descalificarlos. Por el contrario, nuestro primer objetivo era comunicarnos. Porque lo supimos desde siempre: la política sería de masas o no era sería nada. Este modesto inicio, entonces, fue nuestro modo de actuar una sutil crítica al estado político de la facultad. En primer lugar, crítica del escepticismo en el que íbamos ahogándonos, junto a la mayoría de nuestros compañeros. Año a año veíamos naufragar las expectativas de muchos por ser parte de un cambio. Veíamos pasar a los estudiantes por la facultad y a los jóvenes por la juventud sin poder llegar a concretar sus proyectos y su anhelo de intervenir, de ser parte, de poder decir algo. Notábamos la falta de un proyecto en particular: ser parte de un debate generacional acerca de qué queremos para el futuro. Una facultad así, una juventud así, nos pareció, desde el inicio, insoportablemente descorazonada. Y, de frente a ese panorama desolador, no queríamos resignarnos a la incredulidad; a la crítica ácida, a la sonrisa socarrona. No nos parecía hincharnos el pecho ante la desidia. No queríamos ser analfabetos políticos. Por ello, nuestras pequeñas acciones. Pasos sencillos pero firmes. Los debates, las charlas, los volantes, los encuentros con otros actores eran tanteos buscando un camino que nos fuese transitable, es decir que no nos arroje en el oscuro océano de la desconfianza. En segundo lugar, una crítica a las propuestas políticas que nos rodeaban. Pues, no vimos en ellas interés, ideas o esfuerzo –según el caso- para superar el estado de desmovilización. Por el contrario, parecen no reconocer ni registrar los intereses de muchos sus compañeras y compañeros o, sin mayores cuidados, descalificarlos con todo tipo de epítetos –en el peor de los casos. Una política así es esencialmente alienada: por completo extraña a quienes deben ser sus únicos protagonistas, los estudiantes. Ante este panorama, y para actualizar nuestra crítica –una autocrítica, quizás, de nuestros modos clásicos de militar- optamos, en primer lugar, por escuchar. Escuchar todo lo que no era dicho: la decepción, el sopor, la resignación, las críticas. Y, a partir de allí, convertir la decepción en acción constituyendo una política que ayude que intentase dialogar con lo muchos excluidos de la política. Para ello, nuestra decisión fue explorar buscando cómo habría de ser una política más receptiva. Abierta a nuevas tradiciones; preparada para trabajar con lo que hasta ahora le ha sido extraño; capaz de hacer lugar a debates e inquietudes que no forman parte del canon político clásico. Y de conjugarlos con él. Una política que en lugar de anular lo heterodoxo, organice un horizonte de comprensión entre lo diverso. Una síntesis -un paso adelante más allá de la nostalgia y la iconofilia. Pues, quizás así, abriendo la política a más debates la abriríamos a más actores. Intentamos, sencillamente, contribuir a que se manifieste la voluntad de hacer y aportar que aun sostienen muchos de nuestros compañeros y compañeras. Porque los supimos desde siempre: la política sería de y para todos o no sería nada. ¿Y porqué estas dos autocríticas? Porque creemos que el horizonte político tiene que ser otro. Nuestra acción surge en el presente para construir el futuro. Del pasado, pretendemos separar los errores y tomar las enseñanzas. Nosotros proponemos avanzar hoy sobre todo aquello que nos disgusta. Si las clases nos disgustan, dictémoslas nosotros. Si los textos no nos gustan, escribámoslos nosotros. Si los editores no nos editan, editemos nosotros. Si las normas no nos gustan, redactémoslas nosotros. Si las instituciones no nos toman en cuenta, tomémoslas nosotros. En fin, si lo que hay no nos gusta, hagámoslo nosotros a nuestra m
anera. Esto supone intervenir en muchas zonas de, éste, nuestro mundo. Algunas: fecundos espacios para la transformación. Otras no tanto, un poco más áridas. No obstante, en todos los casos el objetivo es el mismo: hacer crecer nuestro impulso. Para ello, trabajar allí, donde la transformación es prioridad. Y, también, allí donde la transformación ni siquiera aparece en el orden del día. Pues, la historia, la sociedad y la disputa se encuentran en todos los campos. Y esto por dos razones. En primer lugar, porque el hambre y angustias de hoy son demasiados dramáticas para esperar lo por venir. Vivir en un país signado por la violencia y la muerte, nos llama a actuar ahora. Un país donde su pueblo y, especialmente su juventud, no tienen esperanza, donde los barrios, las familias y la política han sido destruidos por el narcotráfico, donde miles no pueden educarse, no pueden trabajar o, sin más, no pueden comer, necesita respuestas hoy. Los hambrientos, los que sufren, los destruidos no pueden esperar ni al Mesías ni al Apocalipsis. En segundo lugar, porque queremos el futuro. Y, eso requiere empezar a construirlo desde ahora. Aprender, hoy, a dialogar con la realidad, construir, hoy, herramientas de acción, interpelar, hoy, a las mayorías, para mañana poder decidir.
Antes del ocaso
Avanzamos sobre el terreno, entonces, con la vocación clara de intervenir y con la decisión firme de transformar. Ahora bien, mirando hacia delante no nos faltan interrogantes: vivimos en un momento de procesos inciertos, realmente inéditos y, sobre todo, en constante cambio. Pues, los modelos ideológicos y organizativos que hasta hace menos de diez años estructuraban la vida política de nuestro país, hoy no brindan respuestas satisfactorias. En lo ideológico, advertimos que se condensan y diluyen, una vez tras otra, propuestas de variado tipo. En general, todas ellas son resultado de amalgamas que toman sus elementos de distintas fuentes: las grandes tradiciones políticas de nuestra historia, peronismo y radicalismo; los corrientes de los años 70’s; el liberalismo descarnado de la última década; las tendencias de la izquierda latinoamericana actual; el desarrollismo para los países emergentes. En este contexto, creemos que la búsqueda debe orientarse a encontrar aquella síntesis que demuestre que es posible caminar un sendero distinto al que marcan el escepticismo y el cinismo imperantes. Un camino que, esperamos, sirva para que la sociedad argentina, en general, y los jóvenes, en particular, constituyan un horizonte de justicia social –económica y moral- y respeto por la vida. Para ello, es imperioso hacer una propuesta que entienda y se encuentre con esta sociedad, con sus expectativas, con sus dudas, temores y esperanzas. Puesto que necesitamos una política que sea masiva. A la vez, creemos que esta propuesta debe dar una comprensión de nuestra historia. Puesto que no podríamos hablar del futuro sin saber cómo llegó este presente. Y, por último, creemos que ésta debe ser una propuesta hecha para este tiempo que ya es: para los jóvenes de hoy, trabajando juntos a ellos, reflexionado sobre los signos que marcan su vida en estos años, con diagnósticos actualizados, y respuestas y soluciones actuales. En resumen: queremos un proyecto masivo, conciente y moderno. En lo referente a la organización política, el panorama no es claro. El colapso de los partidos políticos dio lugar un nuevo tipo de escenario político caracterizado por una inestabilidad estrepitosa. En él, se constituyen y descontituyen sucesiva y constantemente los distintos espacios políticos. Toda fuerza parece marcada por una fugacidad esencial. Pues, pareciera que no hay en este momento organizaciones políticas de masas sino, meros encuentros coyunturales entre dirigentes que coinciden contingentemente en una idea, en un espacio político o, sin más, en un organismo de gobierno. De esta modo, es habitual que haya políticos que, en breves lapsos, se referencian con distintas fueras –sin tomar en cuenta, a quienes sólo apuestan a la supervivencia al interior de la burocracia estatal. Y, al tiempo, se ve que en las distintas fuerzas políticas se ubican políticos de ideas similares. De la suma de estos dos fenómenos resulta un escenario político siempre extraño y en constante mutación. Para intervenir en él, entonces, promovemos una política que sea, a la vez, prudente y arriesgada. Prudente, en sus caracterizaciones de los procesos, de las fuerzas y de las personas. Ya que, dada la extrema complejidad que ha tomado la dinámica política argentina, no confiamos en las generalizaciones que pretenden establecer dicotomías donde nosotros vemos pluralidades, ni en los análisis que no reconocen lo que hay de singular en los diferentes actores de las distintas fuerzas. Arriesgada, en apostar al encuentro de los actores que, coincidiendo en sus ideas, se hallan diseminados en distintas zonas del mapa político.
En resumen, nuestra concepción política, el modo en el cual preferimos comunicarnos con nuestras compañeras y nuestros compañeros, los territorios sobre los que priorizamos avanzar, los temas que elegimos debatir, responden a que, empezando por nuestro ámbito más próximo, anhelamos aportar a un proyecto que saque al país de la bancarrota económica, moral y, por sobre todo, social, en la que éste se hundió durante la década del noventa. “Nuestra decisión, entonces, es avanzar en
la
renovación de la política universitaria, enriqueciéndola con
nuestros
aportes, buscando modos de interpelar e identificar al sujeto político
que (aún dormido) existe en los estudiantes. Tenemos la juventud para
atrevernos a hacerlo sin más dilaciones ni recetas que nuestra
voluntad. Tenemos la inteligencia para escuchar el proceso. Vamos por
más.”
Nuestra decisión, entonces, es avanzar buscando una política grande y popular. Numerosa en sus adhesiones y poderosa en sus intervenciones. Real y esperanzadora, finalmente, en sus transformaciones.





