Vivir para pensar
Éste documento fue publicado el 22.08.2008 bajo la categoría Documentos.Durante 2007 tomó cuerpo una reflexión acerca de la carrera de la que, no sin esfuerzo, participaron miembros de los tres claustros. Con el objetivo primero de reformar el plan de estudio, esa reflexión organizó algunos debates: pensamiento de nuestro tiempo / cánon de la filosofía; liberalización de las formas de cursada y estudio / regulación de la cursada. Estos debates incluyeron temas tales como el carácter individual o colectivo de la cursada; la disposición de la carrera a trabajar con experiencias intelectuales y profesionales no académicas; los contenidos académicos: problemas, autores e historias; y la deserción; entre otros temas.
Esta reflexión debe continuar.
Nosotros pretendemos asumirla sin maniqueísmos voluntaristas que, además de ser poco consistentes, resulten un obstáculo significativo para el desarrollo político de cualquier iniciativa. Por el contrario, confiamos en que una reflexión rigurosa acerca de los aspectos problemáticos de la carrera, del contexto de los mismos y de las necesidades a las que responden, es el mejor camino para encontrar los consensos indispensables de todo proceso de transformación colectiva.
Fordismo Intelectual
Entender qué pasa hoy con la filosofía en Puán, qué se discute y cuáles son las posibles vías de acción y de transformación, exige comprender la forma que ha adoptado la producción intelectual en nuestro país. Pues, en los últimos veinte años, la producción académica argentina se ha reorganizado según los estándares mundiales de modo tal que ésta pueda formar parte del nuevo mercado intelectual globalizado. El modo actual de la producción académica local -ahora global- es sensiblemente diferente al modo en que esta producción era llevada a cabo veinte años atrás. Las nuevas formas que ha adoptado el capitalismo en los últimos treinta años y el profundo –y paralelo- empobrecimiento de nuestro país en el mismo período, han transformado sensiblemente las formas, e incluso los objetivos, de la labor académica e intelectual. Por otro lado, la transformación de la actividad académica se ha caracterizado por una estricta estandarización: se homologaron modos de producción, de discusión y de difusión del trabajo intelectual con el objetivo de determinar cuáles son las producciones intelectuales que pueden participar de los circuitos académicos y cuáles las que no. Y por último, la estandarización de la producción intelectual posibilitó las funciones de medición, comparación y evaluación de la labor intelectual. Sobre esta medición se fijaron los criterios para que las universidades -huérfanas ahora, en todo el mundo de financiamiento estatal- disputen por alumnos -devenidos ahora clientes- y compitan por subsidios y estímulos –otorgados tanto por los estados nacionales como por organismos internacionales. Esto configuró la mercantilización del trabajo universitario. Se conformó así un mercado mundial de mercancías académicas del que participan profesores, investigadores y estudiantes y en el que las universidades son, a la vez, escenarios centrales y protagonistas primordiales. El paper se reveló como la forma elemental de este modo de producción intelectual: universalizable, cuantificable, intercambiable.
En este marco, se organizan las disputas intelectuales y políticas del campo académico argentino. Es preciso, entonces, ser absolutamente materialistas: el modo en que se articula la producción y la difusión del conocimiento al interior del campo académico está directamente determinado por estos dispositivos de estandarización, medición y mercantilización por los que se organiza la distribución de recursos en el mundo universitario. Congreso, paper, grupo de investigación oficialmente reconocido, especialización disciplinar son hoy, antes que formas del debate intelectual, tácticas de subsistencia académica.
Filosofía abstracta y Filosofía concreta. Deconstruir el salario
Partamos de una idea acerca de qué es hacer Filosofía: la Filosofía es una práctica rigurosa, creativa y crítica. ¿Qué tiene ella que ver, entonces, con el mecanizado trámite de los créditos académicos, propio del mercado académico mundial ? En abstracto, nada. En concreto, todo.
En abstracto, la Filosofía es lo absolutamente opuesto al mercado académico que organiza una maquinaria de producción formalmente homogeneizada. Pues la Filosofía no sabe de puntos académicos, acreditaciones, concursos, incumbencias, ni claustros. Estas últimas no son las formas de la Filosofía sino, meramente, las formas de la actividad académico-universitaria en las últimas décadas. Sin embargo esta completa oposición entre Filosofía y mercado académico no es sólo de prácticas y modos. Sino, aun más, es una oposición programática: la Filosofía en tanto práctica de la reflexión y de la crítica es esencialmente antagónica a las posibilidades que ofrece cualquier complejo industrial fundado en el rendimiento y la productividad.
En concreto, por el contrario, la filosofía no es más que el mercado académico. Pues, a la filosofía la hacen sus trabajadores. Y estos son empleados del mercado académico, de los congresos, de los papers y de las revistas con referato. La filosofía de hoy vive por y para el mercado académico. Es él quien paga sus salarios, quien compra sus libros y quien sostiene sus alquileres. De esta forma, la enseñanza de la filosofía deviene la enseñanza del oficio de vivir de de la filosofía, el oficio académico.
Queda planteando, entonces, el doble carácter de la Filosofía. La Filosofía como programa y la filosofía como salario.
De esta forma, si el salario es el perverso mecanismo que paga las cuentas pidiendo la Filosofía a cambio, nosotros podemos construir un Programa que resguarde a ésta última. Cuando la maquinaria industrial del mercado académico reduce la Filosofía a un mero medio de subsistencia, es nuestra decisión, nuestro Programa, quien podrá preservar la práctica de la Filosofía como investigación rigurosa, como crítica y como creatividad. Es decir, podemos pensar una Carrera que, asumiendo su estructural enclave en el mercado académico mundial, no se transforme en una casa inhóspita para Filosofía -para su crítica, su rigor y su creatividad.
Un consenso de optimismo.
Construir un Programa para la carrera que rechace su transformación en una línea de montaje, no es fácil; exige conciencia y esfuerzo de todos sus actores. Pues, éste no puede ser sino, un desafío colectivo.
Lograr tal convicción colectiva requiere, en primer lugar, el optimismo de intentarlo. Para ello, es preciso desestimar dos escepticismos. Por un lado, el escepticismo de arriba que, exacerbando el cinismo, plantea aceptar lo que hay, pues “así es el sistema”. Por el otro, el escepticismo de abajo que, sometido por el fracaso, propone negar lo que hay, pues “es el sistema”. Ambos dos son manifestaciones de un escepticismo estéril e impotente. Para el primero “el sistema es así”. Para el segundo, también. Coinciden ambos en pretender hacernos creer que nada cambiará al sistema.
Concretar un cambio, transformar la realidad ¿Qué pasaría si algo cambiase? Esa es nuestra apuesta. Una cambio concreto, una transformación real. Una tarea colectiva, un esfuerzo común, un consenso podría lograrlo.
Liberar la Filosofía
La modificación de nuestra Carrera –de su plan de estudios u otras instancias- no debe perder de vista que el mercado mundial académico es un lugar inhóspito para la Filosofía. Creemos que se trata, entonces, de generar espacio, entre las exigencias del mercado académico, para el rigor, para la crítica y para la creatividad.
Esto no será sencillo. Pues, la Carrera está cimentada sobre prácticas largamente instaladas y globalmente impulsadas; éstas han resultado en la filosofía-mercancía. Es preciso conocer y difundir el conocimiento de estas prácticas que han conducido a la mercantilización. Para ello, en primer lugar esquivemos el decadente idealismo de la vanguardia de izquierda que, flotando en el limbo retórico, quiere discutir si la Carrera es un fusil de la revolución o un palo de la burguesía, sin empezar por pensar las condiciones materiales desde que la carrera tiene lugar.
Sepamos, también, que la mercantilización corre en paralelo con la fetichización. Esto es, la filosofía, como mercancía, oculta su origen. Vela el proceso de su producción y escinde a los productores de su producto. La filosofía-mercancía no toma conciencia de sí misma, de su carácter de producto producido por trabajadores en una situación material determinada que funda y que se funda en relaciones de producción determinadas.
Tomemos nosotros conciencia de nuestro lugar en el mundo. Pues, es difícil simular que nuestro entorno es un apacible campus en Heidelberg o en Harvard ¿Tiene algún sentido hacerlo? Afrontemos la situación en la que somos. Asumamos, así, nuestras posibilidades más propias, las que se abren para los que hacemos la Carrera de Filosofía en la UBA en la Argentina de 2008. Conozcamos los procesos que nos cruzan, asumamos los debates de nuestra hora, y actuemos.






aunque se vistan de rojo chanchos quedan…
son tan progres clase media que dan asco…..
lunalú: típico comentario de clase media progre el tuyo